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Compartimos oración en Cuaresma

TESTIMONIO DE LA HNA. TOÑI VALVERDE FERNÁNDEZ,

HERMANA DEL AMOR DE DIOS

¿CÓMO VIVO LA CUARESMA?

Vivo la cuaresma como una oportunidad que me ofrece Dios para convertirme y ser más lo que Él quiere que sea. Me ayuda a ello practicar el método que la Iglesia propone intensificar en este tiempo: la oración, el ayuno y la limosna.

En la oración, me apropio de la Palabra que Dios me dirige en Os. 2, 14: “La llevaré al desierto y le hablaré al corazón”, e intensifico el silencio, para buscar su voluntad, deseando con ardor colaborar con Él: identificándome con sus sentimientos, y dejando que cambie mis actitudes y acciones en bien de los demás y del cuidado de la naturaleza.

En el proyecto personal, me ilumina la Palabra que Jesús dirige a Pedro en Lc. 5, 4: “Rema mar adentro”, paso la mirada por mi historia y me veo tropezando en la misma piedra, de años anteriores. Contemplo nuestro mundo, herido por las distintas “pandemias” que lo azotan. Observo la Iglesia y mi Congregación necesitada de vocaciones y renovación interior; y ahí, callada, frente a fracasos y desencantos, escucho la voz de Jesús que me ofrece la solución: Jn 21, 6: “Echa la red a la derecha de la barca, y pescarán algo. Así lo hicieron, y era tal la cantidad de pescados que ya no podían sacar la red”. Interpreto que dice: Confía en mí, que de manera sencilla, te voy mostrando el camino. Ten esperanza, que yo estoy contigo. Haz lo que tienes que hacer en cada momento que lo demás me corresponde a mí.

En el encuentro con el Señor, personal y con mis hermanas de comunidad, le presento también, a cada una de las personas cuyos nombres están junto al Sagrario; ellas quieren dejar los vicios, tienen dificultad para resolver los problemas de obesidad, otras están enfermas o tienen falta de fe. Por ellas ofrezco las contrariedades, ayunos y sacrificios, que me exijan dominio de sí. Sé por la fe, que con su colaboración, Dios va a hacer el milagro de su liberación o curación.

Rezar el Vía Crucis, con mis hermanas de comunidad, me ayuda a comprender el límite del amor: la entrega total hasta la muerte Y ahí, contemplo la mano del Padre Dios que en Jesús acoge todo sufrimiento humano y lo trasforma.

Así, humilde, en paz, confiada en el Señor, continúo mi jornada dispuesta a vivir la caridad, junto a mis hermanas de Comunidad y otras personas con las que el Señor me asocia para esta buena obra que es suya.

Además de la oración, inspirada en el ayuno que al Señor le agrada, expresado por el profeta Isaías, (Is. 58, 6-7), renuevo el voto de pobreza, que pronuncié cuando me consagré a su servicio, procurando vivir la sobriedad, evitando caer en lo que no colabora a la construcción del Reino. Esto me exige vencimiento del orgullo. Ayuno de críticas, juicios, algunas palabras innecesarias y alimentos.

Para vivir la limosna, vienen a mi mente y corazón las palabras que publicaron en el Diario de la Marina, de la Habana, el 18 de mayo de 1891, referentes al Deán de la Catedral, padre Jerónimo Mariano Usera, nuestro fundador, un día después de su muerte: “Nunca llamó a sus puertas una necesidad que no fuera al instante socorrida”. Dar limosna lo interpreto como estar disponible para ayudar a quien lo necesita, estando atenta para: escucha, valorar, hablar con ternura, compartir alimentos, medicamentos, visitar enfermos, cuando es posible alegrando cantando con la guitarra; en todo procurando dignificar a las personas. Y esto contando con mis hermanas de Comunidad y la comunión de ayuda con la red de personas, creyentes o no, que se sacrifican sin escatimar ingratitudes y cansancios con tal de ayudar a quien lo necesita.

Y así, durante cuarenta días, más el triduo pascual, llegaremos a la Pascua de Resurrección, que prefigura el encuentro definitivo, cara a cara con el Señor, tiempo en que celebraremos juntos el triunfo del Señor sobre toda adversidad y muerte, la alegría de compartir que la fe, la esperanza y la caridad abren la puerta a Jesucristo resucitado, que es la primera y última palabra, a Él sea el honor, la honra, la gloria y la alabanza.

La Habana, 26 de febrero de 2021

CELEBRACIONES, TESTIMONIO

Día de la Vida Consagrada 2021

Milagros Guijarro Moral, natural de Madridejos (Toledo) a los 36 años, es novicia de las Hermanas del Amor de Dios. Un inicio en la Vida Religiosa sobre el que la pandemia se ha cernido de lleno en pleno proceso de formación en su comunidad de la localidad madrileña de Alcorcón. Con todo, no se amilana, sino que, al contrario, desborda pasión por los cuatro costados: “¡El Señor llama y te alcanza! Lo he experimentado en este tiempo marcado por la pandemia y en el que he mirado al mundo preguntándole a Dios cómo ser educadora en un sociedad donde, a priori, nada se sostiene. Nuevos métodos y herramientas pedagógicas se suceden, pero ¿qué permanece? Queda el hombre, el progreso, la búsqueda de la felicidad y esas ganas de dar en gratuidad lo recibido”.

“Sigo formándome –ilustra– con mascarilla y gel en la mochila, cuidando la relación con las hermanas de comunidad, con mi familia y con mis vecinos, y respondiendo siempre con un ‘donde se crea necesario’; desde la oración o la labor en el comedor del colegio hasta los encuentros online con los jóvenes Amor de Dios”. Y es que, como proclama con gozo, “para hacer el bien y actuar desde la verdad, solo es necesario una buena disposición y mucha creatividad”.

Y te invitamos a compartir la oración con nosotras. Pincha aquí para descargarla.