Salmo 115, 12-18

“Alzaré la copa de la salvación, invocando tu nombre”

 

12 ¿Cómo pagaré al Señor

todo el bien que me ha hecho?

13 Alzaré la copa de la salvación,

invocando el nombre del Señor.

 

15 Mucho le cuesta al Señor

la muerte de sus fieles.

16 Señor, yo soy tu siervo,

siervo tuyo, hijo de tu esclava:

rompiste mis cadenas.

 

17 Te ofreceré un sacrificio de alabanza,

invocando el nombre del Señor.

18 Cumpliré al Señor mis votos

en presencia de todo el pueblo,

 

 

El salmista da gracias a Dios porque le ha librado de un peligro, parece ser que de muerte; en sus labios brota la alabanza.

Manifiesta con humidad y alegría su pertenencia a la casa de Dios, a la familia de las criaturas unidas a él en el amor, a la familia de los que han sido liberados “rompiste mis cadenas”;

Ha comprendido los numerosísimos dones recibidos de Dios y promete hacer manifestaciones de gratitud a su Dios por el beneficio obtenido,

Así interpreta san Basilio Magno la expresión ¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?: No con sacrificios ni con holocaustos…, sino con toda mi vida. Por eso, dice: Alzaré la copa de la salvación, llamando copa al sufrimiento en la lucha espiritual, al resistir al pecado hasta la muerte”.

 

Nos presenta a Dios como Señor de la vida, que no quiere la muerte. Dios no es indiferente ante el drama de su criatura, sino que rompe sus cadenas (cf. v. 16). Por difícil que sea la situación en la que nos encontremos el Señor nos acompaña con amor.

 

Al orar con este salmo traigamos a nuestro recuerdo los numerosísimos dones recibidos de Dios. Nuestra vida es un proyecto a realizar, para ello contamos con los numerosos dones que recibimos cada día. Sintámonos bien de pertenecer a la familia de los que se sienten liberados por el Señor y llamados a vivir la vida como Proyecto.

 

 

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