Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional

 

Os proponemos un acercamiento al documento final del Sínodo de los Obispos 2018, realizado en el Encuentro de Formación de Monitores “Amor de Dios”, en enero de 2019.

Pincha aquí para acceder.

TESTIMONIO:

Soñar es una de las cosas que más me gusta hacer. Podría pasarme horas imaginando, que no me cansaría. El único problema que tengo es que me cuesta mucho distinguir sueños de realidades. Hoy os voy a contar una de esas situaciones de duda.

 

Todo empezó en la ceguera de una gran ciudad iluminada por edificios altos y enrevesados. Allí me encontraba caminando, pero no estaba solo, sino que, de alguna forma, me sentía acompañado. En un momento, entré en un edificio. Recuerdo que era especial para mí. No era el más alto, ni el más nuevo, ni siquiera el que lucía más, pero había algo en su interior que me llamaba especialmente la atención.

 

En ese momento entré y me pareció escuchar una voz que me invitaba a quedarme. La forma en que me lo decía y su tono de voz eran algunas de las razones por las que no pude rechazar su oferta. De repente, una chica salió del ascensor como si nada. Al verme, se acercó a saludarme. Recuerdo que entablamos una gran amistad. Esa misma noche, nos sentamos en una sala común y estuvimos hablando y entreteniéndonos de una forma u otra.

 

Poco después, entraron por la puerta dos personas; un chico y una chica. Al verlos me impresioné. Había algo en ellos que podía sentir yo también. Era como si hablar no fuese necesario para llegar al entendimiento. Estoy seguro de que asistirían a mi graduación sin reprochar nada. Giré mi cabeza, y justo en una esquina de la habitación me pareció ver la figura de dos chicos. Los sentimientos en ese momento eran muy extraños. Por un lado, parecía que llevaban en ese rincón toda la vida, aunque solo nos conocíamos desde hacía milésimas de segundos.

 

Al poco tiempo, apareció más gente. Una estela sobre su cabeza destacaba la fraternidad de esas personas, y su sencilla cercanía. Nos empezó a entrar hambre y bajamos al comedor central. Entonces me desperté. Pero, en mi interior, algo me arraigaba a seguir soñando. Un pequeño hilo de no más de un milímetro me mantenía, con fuerza, atado. Decidí aceptarlo, y no tratar de liberarme.

 

Ahora me encontraba entre una asamblea reunida en un mismo círculo. Recuerdo que había personas de diferente edad y sexo, pero, de nuevo, había un hilo que nos mantenía atados a algo. En ese momento comprendí de que se trataba el sueño.

 

Querría dar las gracias también a todo el grupo de hermanas del Amor de Dios, porque sois ese hilo que me mantiene atado; un hilo pequeño pero que me asegura con fuerza. Gracias por todo.

 

Y, una vez os he contado mi sueño, pensad que, nos separan muchos, muchísimos kilómetros, pero si lo miráis en un mapa, no serán más que centímetros.

 

Una vez dicho esto, quien quiera soñar, que sueñe, y que a nadie le tengan que decir lo que es sueño y lo que es real.

¡Qué bonito es soñar…!

 

 

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s