Si llevas dentro el amor de Dios, todo es posible

 

Hna. Raquel Ortiz (Murcia-España) – Comunidad de Maputo –Mozambique

Si llevas dentro el amor de Dios, todo es posible

Le pedí a Sor Raquel, 77 años, cuando pasó por esta casa que me contara brevemente cómo surgió, sintió, cómo ha vivido su vocación misionera.
No se hizo esperar mucho
– Si me pidieras que lo escribiera creo que no lo haría; pero si es expresarlo en diálogo contigo ya estoy dispuesta… y siguió hablando, como quien respira:
– Los que tenemos fe en Dios, tenemos una gran convicción: No eres tú quien mueve la vida, si te dejas, vas donde Dios te quiere llevar, y es un gozo tan grande que es difícil expresar.
Desde niña, he tenido una inclinación, un cariño, una idea entusiasmante por las misiones… corría y corría sin parar para recoger la hucha y llenarla en las fechas del Domund y campañas misioneras. Sentía que ser misionera era mi vocación. Reconozco que esto es un don, una gracia, no es algo que escogemos, es algo que se nos es dado…
En mis primeros años como Hermana del Amor de Dios me metía de lleno en motivar, organizar, participar en las campañas del DOMUND, en la Infancia Misionera y en nuestra propia Campaña de Solidaridad, que hoy llamamos “Aquí nos necesitan” de la Familia Amor de Dios.
Me siento una mujer con suerte y una religiosa feliz. Tengo la convicción y la experiencia de ser amada por Dios. Este sentimiento tan fuerte me llena de gozo y me emociona.
Desde niña conocí la Congregación “Amor de Dios”, su nombre y sobre todo el carisma del amor me llenó. Pensé: Eso es lo que yo tengo en mi corazón desde niña. Este es mi lugar.
Cuando yo me fui a Mozambique lo vi y lo veo que era el proyecto de Dios para mí.
Buscaba y buscaba, sentía la necesidad, sentía la llamada de Dios para ir a otras zonas a socorrer otras necesidades…
Tomé la decisión en un momento muy sereno de mi vida. Se me abrieron distintas puertas y posibilidades y le escribí a la Superiora General exponiéndole el resultado de mi búsqueda y expresándole mi disponibilidad. Entre las posibilidades expuse una como prioritaria: ir a misiones.
La carta de la Superiora General, no se hizo esperar y fue decisiva: “tu carta es una respuesta a la necesidad que la Congregación tiene en Mozambique. La guerra, la venida de algunas hermanas ha dejado diezmado el personal para mantener todas nuestras misiones. Necesito, necesitamos hermanas para ir a estos lugares”. Vi claramente que era el proyecto que Dios tenía para mí. Aquí me vine y aquí estoy.

¿Qué decir de estos años? Vivir, compartir, entregar, dar, comunicar la experiencia del amor de Dios en mi vida. Esta fuerza carismática del AMOR con mayúscula está dentro de mí y quiero comunicarlo, compartirlo en todo lo que hago –desde acciones muy pequeñas hasta planes ambiciosos- quiero vivirlo con cuantas personas estoy y me encuentro en mi camino.
Repito: Es esto lo que me ha marcado desde niña, recuerdo que yo iba desde casa de mis padres en el campo a la ciudad y me encantaba contemplar la naturaleza, las flores, los pájaros, los campos cultivados y sentía la necesidad de gritar: “Es Dios quien nos regala todo”. Es el mismo grito que siento siendo mayor y quisiera expresar siempre con mi presencia: “Es Dios quien me regala todo”.
Si tú llevas dentro la fe, el amor de Dios, esto lo das: con guitarra o sin guitarra, en coche, en bicicleta o caminando, con niños o con mayores… y el Espíritu con tu presencia hace que ese amor de Dios se manifieste.
“Soy muy feliz por la gracia de Dios”

Hna. Raquel

 

 

 

 

 

 

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